sábado, 11 de diciembre de 2010

LAS RELACIONES HISPANOMARROQUÍÉS (II): SIGLO XIX HASTA LA INSTAURACIÓN DEL PROTECTORADO

La primera mitad del siglo XIX las relaciones hispanomarroquíes sufrieron un cierto abandono debido a la invasión napoleónica y su consigueinte guerra, la lucha contra el independentismo de las colonias americanas y la problemática interna procedente de las tensión entre el liberalismo y el absolutismo.


En 1848 se ocuparon la islas Chafarinas, recuperando de nuevo la política norteafricana en los gobiernos Isabel II. Surgieron tropas indígenas en el ejército español en 1859 con los “Moros Tiradores de Rif” cuya misión era la defensa y vigilancia de la costa melillense. Llegaron incluso a participar como guías e interpretes en las tropas de O’Donnell en la zona occidental en ese año. Esta guerra contra el Sultán de Marruecos fue una operación de prestigio, que finalizó con la presión de la diplomacia británica ante las tropas españolas que se encontraban frente a Tánger y la firma del tratado de Tetuán tras la victoria española de Wad-Ras. Además esta guerra permitió el primer contacto entre el africanismo español y la realidad norteafricana. 
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El africanismo español mantuvo una línea común de actuación hasta 1912 cuando se diferencian varias líneas marroquista, guineísta, bernerología y filosefardita. Como claros antecedentes debemos citar a Serafín Estébanez Calderón, Giménez Sandoval,  Malo de Molina o Gómez de Arteche, que desarrollaron una literatura preferentemente de viajes o memorias militares, que les entroncaban con los grandes autores de la literatura africanista española como eran Mármol de Carvajal, Diego de Torres o el catalán Domingo Badía, conocido en Marruecos como Alí Bey, del cual nos ocucábamos en el artículo anterior. Desde ellos se retomó la tradición con José Cadalso y en el siglo XIX Pedro Antonio de Alarcón y Galdós.
Arabistas como Emilio Lafuente Alcántara o Francisco Codera crearon una escuela científica “moderna” en el orientalismo español.
            Sin embargo el arabismo, como rasgo distintivo del africanismo español siguió siendo marginal, al menos cuantitativamente hasta 1936. Debemos citar a Ángel González Palencia y a Reginaldo Ruiz Orsati. En 1880 se celebró la conferencia de Madrid que internacionalizó la «cuestión marroquí» a costa de las pretensiones españolas. Desde ese momento la independencia del Imperio Xerifiano se vería amenazado por las pretensiones de las potencias europeas, que aumentan ante el estado de creciente anarquía en el territorio de Muley Hassan. Es en estos momento cuando nace el espíritu africanista de la intelectualidad española. Entre los más destacados debemos citar a Julián Ribera, discípulo de Codera, Eduardo Saavedra, Maxilmiliano Alarcón Santón, o Joaquín Vélez Villanueva. En 1876 se constituyó la Sociedad Geográfica de Madrid (conocida como Sociedad Geográfica Española), siendo uno de sus primeros conferenciantes el explorador y agente español en el Magreb Joaquín Gatell i Folch. Por iniciativa de ésta se creó en 1877 la Asociación Española para la Exploración de África. No sería hasta el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil de 1883, cuando terminara el proceso de iniciación y propaganda y se lanzaran a una intensa campaña de presión colonial. En este contesto se creó la Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas.  Paralelamente se desarrollaron vanos intentos por localizar el enclave de Santa Cruz de la Mar Pequeña, enclave reconocido en Tratado de 1860 y localizado en la expedición de Cesáreo Fernández Duro en un lugar próximo al que desembarcó el coronel Capaz. En 1884 la expedición de Pedro de la Fuente y Emilio Bonelli inició la ocupación de Río de Oro, que había surgido por iniciativa de Joaquín Costa y su Revista de Geografía Comercial.
En 1892 se creó la Milicia Voluntaria de Ceuta con fuerzas indígenas de infantería conocidas como Tiradores del Rif, Moros de Paz o Moros del Rey. Éstos se integraron en 1914 en las recién creadas fuerzas regulares en los batallones de la ciudad de Ceuta.
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Al año siguiente se desarrolló la conocida como “Guerra de Melilla”, ocasión aprovechado por España para intervenir en los asuntos del Sultán. Éste no tenía posibilidad de desarrollar los compromisos financieros del tratado de 1860 y era incapaz de frenar el desorden entre las cabilas. El ataque de tribus rifeñas contra los trabajos de fortificación emprendidos por el ejército para reforzar la defensa de Melilla y permitidos por el Sultán desencadenaron una importante expedición militar de 20.000 hombres al mando del general Martínez Campos.

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La pérdida de las últimas colonias en 1898 tuvo importantes consecuencias para la política norteafricana y el auge del “africanismo” peninsular, con la inestimable aportación del capitalismo español, un sector importante del ejército y la acción del último rey-soldado de nuestra historia, Alfonso XIII. Así se desembocó en el establecimiento del Protectorado entre 1902  y 1912.
            A nivel europeo y a nivel interno español, los intereses coloniales sobre la orilla africana del Estrecho originaron la denominada «cuestión marroquí» que fue planteada desde la Conferencia de Madrid de 1880. Desde entonces se inició un proceso en el que Francia tuvo que eliminar las apetencias italianas, alemanas y reducir las españolas con el permiso británico tras los acontecimientos de crisis colonial ejemplificados en Fashoda en 1898. Este proceso se inició con el Convenio hispano-francés de 1902, con importantes beneficios españoles y no suscrito por el gobierno conservador de Silvela.
            El acuerdo hispano-francés de 1904, con el beneplácito británico, hizo perder algunos enclaves y la cuenca del Innauan, pero se incluía la consumación de la penetración con la instauración del protectorado y el regreso de España al concierto internacional de las potencias, que se vería reforzado con el pacto de Cartagena en 1907, que establecía la necesidad de concertación militar entre Francia, Gran Bretaña y España para intervenir en cualquier acción armada en Marruecos.
Las pretensiones del káiser Guillermo II dieron al traste a los acuerdos y obligaron a una nueva convocatoria internacional. De la Conferencia de Algeciras en 1906, salió un documento que, con los seis acuerdos que lo vertebraron, se pensaba que salvarían el statu quo del sultanato marroquí. Pero en realidad lo que consiguió fue la aceleración de la captura del país y de sus recursos por las potencias europeas. Algunas de ellas con pretensiones tutelares y jurídicas, como Francia y España; otras con aspiraciones comerciales y financieras, como el II Imperio Alemán o Gran Bretaña.
García Prieto, puso en descubierto en 1906, el apetito español sobre el territorio marroquí, así como los afanes mercantilistas de algunos políticos con vertientes africanistas, respaldados por amplios sectores de la burguesía y el capitalismo español. A ello se unió la necesidad de lavar la afrenta sufrida con la pérdida de las colonias americanas y un creciente sentimiento nacionalista y antifrancés, que identificó el poder español establecido en Marruecos con la victoria o al menos adelantamiento sobre el país vecino en la acción colonial, que había resultado claro vencedor de la reunión gaditana.
            El 27 de noviembre de 1912 se consumaba el proceso histórico previsto ocho años antes, en un tratado firmado entre García Prieto e Isidore Geoffray en el que se reconocía el derecho de actuar sobre las respectivas zonas de influencia por cada potencia protectora. Culminaba una etapa de penetración pacífica para iniciar otra de escalada militar, que acabaría el 10 de julio de 1927, y que tiene claros orígenes en 1909 con el incremento de la introducción económica española, las rebeliones de El Rogui primero, y el Raisuni posteriormente, y los sucesos de Melilla que culminaron en España con la Semana Trágica.
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Semana trágica de Barcelona.

                La historia del Protectorado español en Marruecos quedaría definida por una serie de caracteres comunes:

- la indefinición en las líneas políticas de actuación
- el seguidismo de las decisiones francesas, 
- las dificultades en la construcción de la administración colonial, 
- la bipolarización de la sociedad española, 
- y el carácter militarista de la intervención. 

Paralelamente a la construcción del entramado colonial español se producía un doble movimiento divergente de fuerzas. Por una parte el creciente interés de grupo colonial africanista de carácter imperialista, pretoriano y de enriquecimiento que pretendía una mayor implantación y dedicación en la colonia y una creciente y significativa presencia en la vida pública metropolitana. En este sector se hallaban los grupos económicos beneficiados por la intervención colonial, los sectores políticos en que estos se apoyaban y que formaban la clase dirigente del país de una forma caciquil y con una democracia imperfecta  y los militares deseosos de ascensos rápidos por acciones de guerra a la par que lavar la imagen del Ejército o salvar el honor de la patria o simplemente aquellos que deseaban aumentar emolumentos mensuales

Por otra se situaba una mayoritaria opinión pública deseosa del abandono, cansada del esfuerzo y hastiada por la creciente escalada bélica. Estaba apoyada por los grupos ideológicamente situados a la izquierda o de carácter reformista, como el sector republicano que carecían absolutamente de ningún plan de actuación, e incluso con ciertas ideas de abandonismo.

La presencia colonial española ejerciendo el Protectorado se divididiría en las siguientes etapas:
            1ª) Etapa de Penetración (1912-1921)
            2ª) Etapa de Pacificación (1921-1927)
            3ª) Etapa de Intervención (1927-1956)

Teodoro Fernández

jueves, 9 de diciembre de 2010

LAS RELACIONES HISPANOMARROQUÍES (I): DESDE LOS PRIMEROS POBLAMIENTOS HASTA EL SIGLO XVIII

            Históricamente las relaciones entre ambas orillas mediterráneas han sido profundas pero claramente discontinuas. Existe una necesidad histórica por establecer un lazo de unión que los aconteceres políticos y las relaciones comerciales han sellado configurando un especial nexo de unión entre dos sociedades, casi siempre enfrentadas pero en muchas ocasiones obligadas a entenderse. Sin embargo la percepción de este hecho ha variado a lo largo del tiempo y ha provocado la repetición de los desencuentros con mayor grado de intensidad según se avanzaba el tiempo.
            Los primeros poblamientos datados por antropólogos y etnógrafos son calificados como integrantes de la raza camita y denominados como libios, númidas o bereberes. Su área de expansión no se limitó a la costa norteafricana, sino que cruzaron el estrecho mezclándose con nómadas nórdicos.
            En el Paleolítico Superior y el Neolítico, otras inmigraciones africanas dieron origen a la civilización “hispano-mauritánica” conocida con el nombre de «cultura de Almería».
            Inmediatamente comenzó a crearse una afinidad étnica entre los pueblos asentados en ambas riberas del Mediterráneo occidental, como fueron los iberos, emparentados con los bereberes. Tras siglos de convivencia recibieron la aportación de los comerciantes colonizadores históricos del Mediterráneo: fenicios y griegos.
            Los fenicios mantuvieron estrechas relaciones con Tartessos y establecieron importantes colonias: Lixus o Lixa (Larache), Tingi (Tánger) Kabyla (Ceuta) Zilis (Arcila) en la orilla sur; y Malaka (Málaga), Carteia (Algeciras) o Gades (Cádiz) en la orilla norte. Los griegos, en cambio, mantuvieron menos relaciones y fueron rápidamente expulsados por los cartagineses, sucesores de sus metropolitanos de Tiro. Estos llenaron las costas africanas de colonias y rápidamente se lanzaron a la conquista de la “tierra de los conejos”, Ispahan, conocida posteriormente como Iberia. Tras la batalla de Alalia ocuparon Tartessos y se adueñaron de toda la península hasta que se enfrentaron con el imperio emergente de la república romana. Tres guerras, conocidas con el nombre de Púnicas, provocaron la llegada de los romanos a Hispania y su establecimiento definitvo desde el 216 a.C.
La conquista se desarrollo siguiendo extrañamente una dirección este-oeste, al contrario que las líneas de conquista tradicionales, que se desarrollaron a lo largo del tiempo en la zona hispano-magrebí, es decir de norte a sur o al contrario. Acabada en el 19 a.C. tras muchas resistencias tanto en el norte como en la meseta ibérica, ocuparon la Bética, cruzaron el mar y llegaron hasta Arcila.
El territorio fue incluso pieza protagonista durante las guerras civiles de Roma, llegando a protagonizar los naturales de Marruecos mandados por Sertorio un intento de aspirar a la conquista de la metrópoli. La reorganización administrativa imperial anudó aún más los lazos entre las tierras marginales del Estrecho al incorporar a la provincia Bética a algunas ciudades de la Mauritania Tingitana.
Adriano, en la etapa diocesana, creó la diócesis de Hispania estableciendo a la Galaecia y la Mauritania dentro del espacio afroeuropeo occidental. Diocleciano mantuvo  en la tetrarquía la unidad antes establecida, pero ampliada. Constantino, en el 330 d.C. creó la prefectura de las Galias, con tres diócesis: Hispania, Galia y Britania. La primera tenía siete provincias, cinco ibérica, la insular baleárica y Mauritania Tingitana, manteniendo la unidad política de la Península Ibérica.


            Esta unión mantenida durante casi cinco siglos fue rota por las invasiones germánicas, cuyas tribus desde el 409 se repartieron la Hispania romana. Los vándalos asdingos y suevos se quedaron con Galicia, los alanos la Cartaginense y la Lusitania y los vándalos silingos la Bética, quedando el resto para los visigodos, aliados de Roma.
            Los vándalos asdingos crearon un efímero imperio hispano-magrebí, sustituido por los romanos orientales o bizantinos. El emperador Justiniano estableció a sus tropas en Andalucía, Levante y Marruecos. Es decir, el que dominara el Estrecho ocupaba sus orillas, y siguiendo esa ley histórica los visigodos, establecidos ya en Toledo, mantuvieron la unidad geopolítica hispano-magrebí, expulsaron a los bizantinos y situaron gobernadores en las plazas costeras.
Expediciones musulmanas, árabes o bereberes, acosaron al poder visigodo hasta que en número de 18.000, finalmente realizaron la conquista de la península en seis años por medio de expediciones militares (avance de Muza desde Sevilla al norte atravesando Extremadura), pactos (como el firmado entre Abd el Aziz y el gobernador Teodomiro de Murcia) o capitulaciones como la ciudad de Toledo.
            Se formó entonces un walitao de Hispania dependiente del emirato islámico de Ifriqiya, con capital en Túnez y de nuevo se controló por un imperio a ambas orillas mediterráneas, a pesar del mantenimiento en aquel de cierta autonomía y la aparición de sentimientos nacionalistas peninsulares o al menos autóctonos. Desde fecha temprana surgieron dos reinos o emiratos rebeldes al poder centralizador de los abassíes de Bagdad. Eran ambas orillas, en la peninsular el emirato omeya fundado en 755 y en la africana el reino de Fez, fundado por Idris II en 808.
            En el proceso medieval de conquista musulmana y posterior reconquista y repoblación cristiana de la Península Ibérica se produjeron tres hechos que evidenciaban las determinantes relaciones históricas entre los dos espacios conformantes del territorio de la civilización hispano-magrebí. En primer lugar notamos la existencia de imperios que dominan ambas orillas marinas, como fueron el Califato de Córdoba entre el 929 y 1031; o el dominio de los imperios norteafricanos, primero almorávides procedentes de Tafilete, y posteriormente almohades hasta 1230. 

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A partir de esta fecha, y sobre todo desde 1340, desapareció la posibilidad de establecer cualquier estado islámico hispano-marroquí pasando la iniciativa a manos cristianas o predominantemente europeas. En segundo lugar se produjeron numerosas rebeliones o tensiones internas, muchas de ellas de signo anticentralista que afirmaron el carácter nacionalista y la especifidad de ambos territorios con sus deseos desintegradores. Finalmente apareció el intento de controlar el ámbito norteafricano por parte de las potencias que surgieron vencedoras del proceso de expansión hacia el sur en el ámbito de la civilización ibérica. Éstas deseaban controlar ambos mares, por una parte el Atlántico como base para el control de la costa africana y la vía circumcontinental hacia la India y por otra el Mediterráneo como forma de asegurar y defender sus límites meridionales. Así Portugal, Aragón y Castilla, a la vez que se repartían el Nuevo Mundo, establecían una densa red de presidios costeros que les convertían en potencias africanas. A su vez se enfrentaban por detentar el predominio estratégico en la región. Desde la Sede Papal se confería un carácter religioso a la conquista con la bula de las Cruzadas promulgada por el papa Calixto III en 1457.
            Paralelamente a las expediciones hacia las Canarias y el Mediterráneo central y costero africano desaparecía la presencia mahometana de la península. Primeramente fueron los portugueses y aragoneses. Les siguieron los castellanos desembarcando en 1478 en Santa Cruz de la Mar Pequeña, iniciando la conquista del archipiélago canario y ocupando Melilla en 1497.En el testamento de Isabel La Católica, en 1504 se establecía la necesidad de conservar Gibraltar, dominar el Estrecho y conquistar la costa africana como forma de reafirmar la seguridad meridional. Se tradujo en diversas expediciones sobre Orán en 1505-1509, la ocupación de Vélez de la Gomera y el vasallaje del Reino de Túnez.

Durante el resto del siglo XVI la política Mediterránea de los Habsburgo, estuvo al servicio de los acontecimientos continentales y fue entonces la necesidad de asegurar la tranquilidad y sosiego en el Mediterráneo occidental y eliminar la piratería lo que llevó a Carlos I y Felipe II a volver a intervenir en el Magreb. Se ocupó la isla de Gelves, los peñones, Bugía, Argel, Mostagan, Bicerta, Trípoli, La Goleta y se intervino en Río Martín. Finalmente la unión con la corona Portuguesa afirmaría a la monarquía hispánica como una potencia africana y sobre todo mundial. Para la realización de algunos de esos hechos se contó con la ayuda de soldados naturales del lugar, como fue la Compañía de Moros de Paz en 1509, unidad de Caballería fundada por el Cardenal Cisneros tras la conquista de Orán y Mazalquivir, para ser utilizados como servicio de guías y exploración. Posteriormente sería conocida como Compañía de Moros Mogataces (renegados del Islam) que sirvieron como auxiliares para la reconquista de Orán en 1732. Les siguieron las Compañías de Guías Naturales de Orán.
En 1608 Felipe III recibió la solicitud del Sultán para unir los territorios de su imperio a cambio de concesiones territoriales en Larache, convirtiéndose en claro precedente de la acción protectora iniciada desde el último cuarto del siglo XIX. En 1673 se ocupó el Peñón de Alhucemas.
El siglo XVIII se inició con la presencia hispánica en Ceuta, Melilla, Orán y los Peñones. Los roces con el sultán aumentaron y desembocaron en el cerco a Melilla, tensiones en la región rifeña, ataques a los pesqueros españoles y el abandono de Orán en 1791. Sin embargo en 1767 se firmó el Tratado de Paz, Comercio, Navegación y Pesca que aumentó el comercio hispano-marroquí entre esa fecha y 1830, aumentando la influencia española en Marruecos. Esto lo evidencian hechos como la acuñación de moneda marroquí en Cádiz o la presencia de técnicos, militares o simples aventureros en la vida sociopolítica del sultanato.
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Domigo Badía o Alí Bey, autor de "Viajes por Marruecos" (en su título abreviado), durante el reinado de Carlos,  sieno posiblemente el primer español, no musulmán, en entrar en el santuario de La Meca.

viernes, 26 de noviembre de 2010

FACTORES CONDICIONANTES DEL AFRICANISMO MILITAR ESPAÑOL

Los militares españoles que se enfrentaron en la guerra civil mantuvieron una diversidad de posturas debido a una serie de factores, y a unos condicionantes de la situación histórica de España en el primer tercio del siglo XX. Entre ellos destacan:

- el análisis sociológico y generacional de los militares españoles que vivieron entre la crisis de 1898 y el estallido de la sublevación de 1936, 
- la perspectiva de la acción colonial de España y los «efectos rebote» del problema de Marruecos
- las posturas ideológicas respecto al análisis de la situación del país en esos momentos. 

Evidentemente influyeron otros elementos desde relaciones de amistad y familiares hasta posibles recompensas de futuro, pero no es menos cierto que hasta ahora existía una tajante visión del militar sublevado adscrito a una tendencia política de origen colonialista, anti-democrática y de fuerza. 

En líneas generales es una visión válida, pero debemos recuperar la postura de aquellos oficiales que sin estar claramente resentidos frente a la República o que llevados por una espíritu de entrega y compromiso con la realidad de la sociedad marroquí abrazaron la sublevación y la causa rebelde con un espíritu diferente al de aquellos que lo hicieron conscientemente del uso de un soldado “terrorífico” para la mentalidad colectiva española del momento.

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La oficialidad del ejército español en el primer tercio del siglo XX puede ser encuadrada en tres grandes conjuntos generacionales. En ellos encontramos ciertos caracteres comunes y la influencia de unos factores semejantes y contemporáneos que les llevarán a actuar en la vida política española con diferentes posturas, en ocasiones enfrentadas pero teniendo como telón de fondo el denominado “problema marroquí” y sus efectos rebote. En particular es destacable la existencia de varios oficiales de alta graduación que influyeron de manera decisiva en la actuación de los denominados “marroquistas” durante la guerra civil. En esencia las generaciones militares serían:

·      Generación militar de 1898: Junto a Miguel Primo de Rivera, Dámaso Berenguer, Sanjurjo, Queipo de Llano, Cabanellas debemos citar al conde de Jordana o Luis Orgaz.


El "rey soldado" Alfonso XIII con Miguel Primo de Rivera. El general Dámaso Berenguer.
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·      Generación militar de 1915: la generación africanista por excelencia, formada por Franco, Yagüe, Camilo Alonso, Muñoz Grandes, García Valiño, Sánchez González, Asensio, Ríos Capapé entre otros. Aquí debemos incluir a Fernando Capaz Montes, Pablo Martín Alonso, Pablo Arias Jiménez, Juan Beigbéder, Ángel Doménech o Juan Sánchez de Pol, por citar algunos de los nombres de oficiales componentes del Servicio de Intervención de la Alta Comisaría del Protectorado.
La generación militar de 1915, denominada en ocasiones africanista, hace referencia a los oficiales de las unidades indígenas, y preferentemente a aquellos que tuvieron una participación más o menos decisiva en la política o en la historia militar de la Guerra Civil.





·      Generación de 1936: sus miembros fueron los tenientes salidos de la Academia General Militar de Zaragoza o los alféreces provisionales del ejército franquista formados durante la guerra civil. Pero no debemos olvidar al amplio conjunto de oficiales que trabajaron como Interventores de cabila durante el conflicto, fundamentales para el proceso de recluta de marroquíes durante el conflicto.

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Franco en la apertura de la Academia Militar de Zaragoza

            En la generación de 1915 podemos diferenciar a los africanos pretorianos, que utilizaron el ejército con fines políticos y pasaron por Marruecos como una etapa de formación y de ascenso social y profesional. Por otra parte se sitúan los otros africanistas menores o marroquistas, en el que la experiencia de Marruecos marcó su vida de tal forma que se implicaron en el devenir histórico del territorio a través de la administración colonial.

Salvo excepciones (entre la que se hallan los generales Varela y García Valiño, por ejemplo, pero por diferentes razones), entre los pretorianos prácticamente no volvió nadie al territorio tras el “paso del Estrecho”, y desde 1939 ocuparon altos puestos militares o grandes magistraturas civico-políticas en territorio peninsular. Por contra, entre los marroquistas el regreso a Marruecos y la continuación en sus carreras de la situación “al servicio del Protectorado” fue una constante y una normalidad propia de quienes no ambicionaban medrar en sus carreras o llegaron a pensar que el conflicto podría traer beneficios para la sociedad española y la sociedad marroquí. En este caso encontramos excepciones y observamos que hubo oficiales que desarrollaron posteriormente sus carreras militares separándose de los destinos africanos como fue el caso de Juan Bautista Sánchez González o Pablo Martín Alonso.

Los caracteres de la “generación de 1915” son compartidos en su mayor parte por muchos de los africanistas incluyendo al grupo de los pretorianos como a los que hemos denominado marroquistas.
- Desarrollaron una formación breve, en la que se incluye el bachillerato elemental y los años de Academia Militar
- Es destacable el elevado número de los que proceden de un acceso extraacadémico
- El impacto de 18 años de guerra colonial en Marruecos (1909-1927) se dejaría notar en sus carreras aunque no de manera determinante a lo ocurrido con los pretorianos. 

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- En su mayor parte pasaron por las diferentes unidades nativas del protectorado, españolas y jalifianas o por las tropas de policía indígena.
- En alguna ocasión existió un componente de animadversión a la política republicana de revisión de ascensos o por haber sufrido algún tipo de problema con las autoridades republicanas. Los años de lucha habían configurado una tupida red de relaciones personales y de dependencia entre los oficiales africanos, que se expresaban a la hora de conseguir mejoras en el escalafón administrativo. En la mayor parte de los casos la actitud de recelo y desconfianza hacia la democracia o al menos el régimen que la encarnaba podía deberse a que había frenado o modificado sus carreras profesionales y que encarnaba en la acción colonial marroquí la descoordinación y la impericia. 

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- Una ideología basada en la disciplina castrense y resumida en las ideas de lealtad y orden. Sin ella no hubieran podido resistir el duro clima norteaafricano y no hubieran podido enfrentarse a un pueblo reacio a la dominación. 

            Estos caracteres, de una u otra manera, prácticamente son compartidos por los miembros de la administración del Protectorado, por ejemplo en el Servicio de Intervención. Entre los oficiales se desarrolló una relación personal que mantuvieron con un selecto grupo de oficiales a los que consideramos como figuras clave por su actividad tanto a nivel administrativo y organizativo en el Protectorado como por el influjo personal, subjetivo y privativo, que sus ideas y acciones ejercieron en ellos. En este sentido debemos señalar el influjo que ejercieron los generales Gómez Jordana, Orgaz, Capaz y el teniente coronel Beigbéder.


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Franco y Millán Astray, representantes del más puro africanismo pretoriano.

Bibliografía:

Arce, Carlos de "Los Generales de Franco"

Balfour, Sebastián "Abrazo Mortal"

Busquet, Julio "El militar de carrera en España"

Cardona, Gabriel "El poder militar en la España contemporánea hasta la guerra civil"

Cardona, Gabriel "Alfonso XIII, el rey de espadas"

Nerín, Gustau "La guerra que vino de África"



domingo, 14 de noviembre de 2010

LA CRUELDAD DE LA GUERRA: MÁS ALLÁ DE LO ATROZ

Según un reciente artículo publicado en el semanario de El País, 5.277 cuerpos han sido exhumados en 231 fosas desde que en el año 2.000 comenzó el proceso para localizar a los más de 100.000 desaparecidos durante la Guerra Civil. En total son 2.052 fosas  las que existen y se maneja un censo "extraoficial·entregado a las autoridades judiciales que llega a 143.353 el número de desaparecidos forzosos. A esta labor se ha dedicado la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica.
Si estas cifras no son del todo esclarecedoras, o no nos permiten ver la realidad de lo ocurrido en el conflicto de 1936-1939 y la represión posterior, proponemos una breve lectura a dos anécdotas que nos acercan la crueldad de la acción humana en ese conflicto.



La Guerra Civil fue una oportunidad para saldar conflictos antiguos y que se habían intensificado con la instauración de la República. Fue un momento en el que sacar odios y vengar viejas heridas, por uno y otro bando. 

El hispanista Paul Preston narra una anécdota atroz en los inicios de la guerra que describe la cruda realidad de la retaguardia casi al nivel de la atrocidad del frente. En su libro  "Las tres España del 36", narra un hecho ocurrido en el funeral del político catalán de tendencia carlista Miquel Junyent i Rovira (abuelo de uno de los padres de la constitución actual). Así, el 22 de julio de 1936, un grupo de milicianos de la Federación Anarquista Ibérica se presentó en casa de los Junyent y exigió que los acompañara. Su filiciación derechista prevería un final violento, pero no pudo acompañarle ya que había fallecido el día anterior de un ataque al corazón. Sospecharon que era un engaño e insistieron en ver el cadáver. Ante el féretro, uno de ellos, exclamó en voz alta:

- "Cojones. Ya os decía que que teníamos que haber venido ayer".

Comando anarquista tras el ataque a una iglesia en la zona del Ebro.

El mismo historiador, en su extensa biografía sobre Franco, describe una cruel narración sobre Gonzalo de Aguilera, conde de Alba y Yeltes. Éste ejercía a modo de portavoz ante los corresponsales extranjeros en el norte de España, debido a su domino del inglés, alemán y francés. Realizó numerosos comentarios denigrantes e insultantes, al enemigo y a las víctimas. En el libro se afirma que se jactaba de haber fusilado a seis obreros para animar a otros.
En uno de sus discursos se atrevía a comparar a los obreros con las ratas y los piojos, llegando a señalar como la causa de la guerra: "... la introducción del alcantarillado moderno: antes de esto, la gentuza se moría de diversas y muy prácticas enfermedades; ahora sobreviven y, claro, son demasiados".

"De no haber alcantarillas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos  estos jefes rojos habrían muerto en su infancia en lugar de incitar a la chusma y hacer que se vierta la buena sangre española. Cuando la guerra termine, eliminaremos las alcantarillas. En España el perfecto control de la natalidad es el que Dios quiso que tuviéramos. Las alcantarillas son un lujo que se reservarán a quien lo merezcan, a los jefes de España, no a la masa de esclavos".

En otra entrevista, el "noble" capitán de Caballería y jugador de polo,  concedida al periodista inglés PeterKemp, señala que “El gran error que han cometido los franquistas al empezar la Guerra Civil española ha sido no fusilar de entrada a todos los limpiabotas. Un individuo que se arrodilla en el café o en plena calle a limpiarte los zapatos está predestinado a ser comunista. Entonces ¿por qué no matarlo de una vez y librarse de esa amenaza?”.


Con estas anécdotas hemos mostrado el carácter atroz y despiadado de  muchas muertes ocurridas durante el conflicto de 1936-1939. Para otro momento profundizaremos en las causas de tan profundo odio y analizaremos con detalle un aspecto de las consecuencias de la guerra: los asesinatos selectivos, las desapariciones forzadas y la represión, en ambas zonas.
Fuentes:

La memoria de la tierra, en El País Semanal, nº 1.781, 14 de noviembre de 2010

Preston, P., "Franco. Caudillo de España"

Preston, P. "Las tres Españas del 36"

sábado, 6 de noviembre de 2010

TÁNGER: AUGE Y FRUSTRACIÓN DE UN SUEÑO COLONIAL

La ciudad de Tánger, de 394 km cuadrados y una activo puerto,  se encuentra situada en el extremo noroccidental de Marruecos en la entrada del Estrecho de Gibraltar desde el Océano Atlántico. Desde tiempos remotos ha sido una zona de paso y de mezcla de cultura e intereses económicos. Ello supuso el desarrollo de una cultura donde convivieron la tres grandes religiones monoteístas y sus culturas. En la hemeroteca se encuentras pruebas de ello: diarios que felicitaban a sus lectores las fiestas de Pascua, ya fuera el Aid el Kebir, el Pessah o la Resurrección. Se recordaba el calendario de cada religión o se anunciaban los horarios de celebraciones y rezos. Igualmente la mezcla de celebraciones, edificios de culto o de reunión era algo cotidiano y normal (Según Ignacio Alcaraz, trabajador de la administración internacional, en 1950 llegaron a haber 15 sinagogas, trece mezquitas y seis templos cristianos).


 

Su privilegiada situación estratégica ha marcado el devenir de pueblos que han dominado el enclave como forma de controlar el tráfico marítimo en la puerta del Mediterráneo. En los inicios del siglo XX el kaiser Guillermo II se pronunció en 1905 a favor de la independencia e integridad territorial de Marruecos. Esa intervención provocó un aumento de la tensión internacional que llevó a la convocatoria de la Conferencia de Algeciras en 1906 y al establecimiento de la protectorado hispano-francés con los acuerdos de 1912. No sería hasta el 18 de diciembre de 1923 cuando se definió el estatuto internacional de Tánger con la firma del acuerdo entre  trece potencias, el establecimiento de una cámara legislativa y el nombramiento de un Mendub o representante del Sultán, que estaba bajo protección francesa, al menos seis monedas oficiales y un sistema de correos controlado por España, Francia y Gran Bretaña.
Esta situación dio origen a una economía artificial fundada en en todas la formas de especulación (sobre todo de oro y de divisas), tráficos ilícitos (contrabando, sociedades pantalla), y a una dependencia del exterior y de las importaciones debido a que su accidentada orografía y su húmedo clima explican el dominio de las explotaciones forestales.
Desde el momento del reparto de Marruecos, España se quejó del exiguo territorio que le había correspondido y las reivindicaciones sobre la ciudad fueron continuas, sobre todo en época de Primo de Rivera. Posteriormente pasaron a ser un elemento tradicional en el discurso del africanismo reivindicativo o imperialista español, como lo demuestran las obras de Tomás García Figueras, la prensa africanista de corte militar o el libro de Areilza y Castiella, Reivindicaciones de España. En 1940 la ciudad contaba con unos 61.000 habitantes, de los que 14.000 eran españoles, 18.000 eran europeos de diversas nacionalidades (contando con un par de miles de británicos), 7.000 judíos y 36.000 musulmanes nativos


Tomado de: http://4.bp.blogspot.com/_ZFHbg30POSI/Shw2IY4kUdI/AAAAAAAAALw/7m4GG5308FU/S1600-R/AvdaEspa%C3%B1aTanger.png


El 10 de junio de 1940 entraba Italia en guerra y el 14 de junio, en el mismo momento que las tropas alemanas ocupaban París, unos cuatro mil askaris de la Mehal-la Jalifiana de Tetuán, al mando del general Yuste, cumpliendo órdenes directas de Franco, cumplían un anhelado sueño y ponían las bases de un futuro imperio en el Mediterráneo occidental y el norte de África. con el beneplácito franco-británico. En dos horas ocupaban los puntos vitales de la ciudad a la par que una columna de desembarco a bordo de un minador se hacía con el control del puerto. Inicialmente se comunicó que iba a ser temporal y en nombre del Sultán.

http://www.asasve.es/img/web/art_canete_yuste_200.jpg General Germán Gil Yuste.

Inmediatamente se ponía en funcionamiento una campaña para justificar la acción a la par que España pasaba de una situación de neutralidad, a la de "no beligerancia". Beigbéder, ministro de Asuntos Exteriores,  el general Ponte, jefe militar de las tropas de Marruecos y Asensio, Alto Comisario de la Zona de Protectorado. Entre los motivos que adujeron las autoridades franquistas estaban, por una parte, el mantenimiento del orden en la ciudad y asegurar su neutralidad. Por otra estaba la necesidad de gobernar una ciudad cuyos representantes en el gobierno estaban enfrentados en la guerra y sólo dos países no habían entrado en ella, Portugal y sobre todo España, y ésta tenía la responsabilidad de velar por la observancia de los tratados, e incluso evitar la invasión de algún otro país contendiente, por ejemplo Italia. Por ello España ejercía un gran servicio. En otro sentido, se aludió a la necesidad de actuar en contra de las actividades de elementos rojos y pro-republicanos.
Por ello las autoridades y ciudadanos británicos fueron cuidados y atendidos al efecto. Y Gran Bretaña, junto con Francia, a pesar de la división, desarrollaron una política de inactividad, incluso de apaciguamiento y entendimiento con las autoridades franquistas.

 La ocupación de la ciudad era también el paso previo para un proyecto más grande: la formación de un imperio colonial a costa del Marruecos francés Orán, Gibraltar y la ampliación de las fronteras en Guinea Ecuatorial. Beigbéder llegó incluso a proponer a Franco la ocupación de las cabilas fronterizas con el protectorado francés reclamadas por desde antaño por España. El hundimiento de este país llegó incluso a ser un factor tenido en cuenta por las potencias aliadas, sobre todo, Gran Bretaña y su política de apaciguamiento.
E incluso se jugó la carta de colaborar con las potencias fascistas, pero el choque de intereses entre Mussolini y Franco, la debilidad del país y el resquemor nazi frenaron esta apuesta, entre otras cosas. Pero, a pesar de las apariencias, y de la campaña franquista al efecto, Hitler consideraba que España era un lastre más que una ventaja para los intereses del Eje, y prefería no desairar ni a Italia ni a la Francia de Vichy.
Las autoridades franquistas dieron todas las facilidades a los alemanes para el uso de las instalaciones del territorio o la actividad de sus agentes y espías; y se aprovecharon de las ayudas de los británicos, que finalmente  apostaron por mantener unido el imperio colonial francés. Incluso en el mismo momento de la anexión de la ciudad, el 3 de noviembre de 1940, un incidente entre un submarino italiano y un torpedero británico,  se saldó con la ayuda al primero, para ser reparado, a pesar de la neutralidad de la ciudad.
Puerto de Tánger

Desde principios del mes de noviembre de 1940, se desarrolló un proceso de españolización, desde las instituciones, despidiendo a los funcionarios extranjeros, cerrando la asamblea legislativa y nombrando al general Yuste, gobernador de la ciudad (obligando al jalifa a deponer al Mendub, expulsándolo del territorio);  hasta la vida diaria, dictándose normas de tráfico idénticas a las españolas, obligando al uso del español en los comercios en anuncios y letreros y se renovó la circulación de la peseta. Incluso se desarrolló un intenso proceso de censura de prensa y otro de propaganda germano-italiana, que llegó incluso a afectar a los líderes nacionalistas, que fueron pagados con importantes sumas de dinero de Alemania. Incluso se llegó a temer un proceso de represión semejante al que se había desarrollo  en la península con la contienda que había finalizado en 1939. Tal fue el proceso de españolización que la ciudad retrocedió desde el punto de vista cultural e incluso económico, que degeneró en un problema crónico de inseguridad.

Sidi Larbi Tensamani, pacha del Jalifa en Tánger, nombrado por presión de las autoridades españolas.
El general Yuste disolvió el Comité de Control, la Asamblea legislativa y la Agencia Mixta de Inteligencia, en primer lugar. El 9 de noviembre se suprimió la gendarmería y se hicieron los preparativos para ocupar la zona francesa marroquí.




La heredera al trono de Francia, la duquesa de Guisa, visitó Tánger durante la ocupación vestida con la camisa de Falange, en la que le fue impuesta una condecoración.


En este nuevo contexto en que se desarrolló el Tánger franquista la cultura se basaba en la imitación o el peloteo (una joven fue condecorado por Pilar Primo de Rivera por escribir una redacción en la que señalaba que quería ser como ella) o de corrupción (los empleados del Banco de España sacaron el oro en un ataúd simulando el fallecimiento de uno de ellos).


 En el mismo instante de la anexión al Protectorado (13 de noviembre de 1940) se desarrolló una intensa campaña germanófila, coordinada por el Alto Comisario del momento, el general Asensio y el secretario de la Alta Comisaría, Tomás García Figueras. Se devolvió el edificio del consulado alemán perdido en los acuerdos de Versalles, que se convirtió en el principal centro de espionaje y propaganda nazi hasta mayo de 1944, y se creo un consulado japonés, ambos elementos contravenían el acuerdo de 1923.

http://4.bp.blogspot.com/_vSHAqTOlYMs/SpAwB3_27xI/AAAAAAAAAZs/PbNUWdZUIJA/s320/Consulado+Falange+espa%C3%B1ol+de+Tanger.jpg
Consulado español y sede de Falange, en Tánger.

Gran Bretaña, en el contexto de su política de apaciguamiento, también decidió colaborar en el sostenimiento económico, a pesar de algún intento de sabotaje, las restricciones de prensa y de movimientos a sus súbditos, lo que no evitó que asistieran sus representantes a las ceremonias oficiales. Esta política era una manera de que España no entrase en guerra, a cambio de una previsible ayuda económica nazi. Gran Bretaña hizo todo lo posible por garantizar el abastecimiento de la ciudad, incluso negociando con sus aliados o Portugal. Flexibilizó el tráfico comercial y envió un buque mensual con productos textiles, jabón, te y azúcar. Llegó a abastecer de petróleo a la España franquista con el temor de que lo pudieran ceder a los nazis. Pero el desabastecimiento fue la norma general ya que los productos eran revendidos fuera de la ciudad, por ser más lucrativo.


El desarrollo de la operación Torch, es decir, el desembarco aliado en el norte de África trajo diversas consecuencias: el aumento de la influencia alemana sobre las autoridades españolas y la llegada de un mayor número de efectivos para la defensa de la ciudad: se elevaron a siete el número de divisiones, se unieron dos regimientos de artillería y un regimiento de 58 carros de combate, además de varios Batallones de Trabajadores Penados. Pero produjo el fortalecimiento entre los lazos de los líderes nacionalistas y la creación de un discurso pan-marroquí.

La derrota del Eje motivó el desarrollo de negociaciones para el establecimiento de un nuevo Estatuto en Tánger. En agosto de 1945 tuvo lugar una conferencia en París en la que intentó estar el ministro de Exteriores de la República en el Exilio, Fernando de los Rios, sin lograrlo, al igual que las autoridades franquistas. Se restableció  el Estatuto de 1923 con algunas modificaciones, por ejemplo la reducción de la influencia de Francia y sobre todo España (que perdió el mando de la gendarmería). En octubre de 1945 las tropas jalifianas abandonaron la ciudad, y fueron sustituídos por gumiers francomarroquíes. Las potencias aliadas decidieron mantener la Zona de Protectorado español, sobre todo para evitar cambios en la política española, tal y como había ocurrido en el debate sobre el lugar del desembarco. Se quería evitar el paso de tropas alemanas por suelo español. Sin embargo, se permitió el regreso de opositores, o se readmiteiron antiguos funcionario depurados, y se cerraron órganos de prensa franquistas.
El 9 de abril de 1947, quizá a propósito, Mohamed V eligió la ciudad de Tánger para su discurso con el que renacería la conciencia nacional marroquí.

Para saber más:

http://www.guiadetanger.com/Principal.html
Sueiro, Susana "La incorporación de Tánger, una
batalla perdida de la diplomacia primorriverista" o el siguiente enlace:  http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerie5-10375E6E-052F-CD99-2617-66D1EB54ACA2&dsID=PDF


Sueiro, Susana "España en Tánger durante la Segunda Guerra Mundial: La consumación de un viejo anhelo", o en el siguiente enlace: http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerie5-F3A89D0D-8805-2972-7F52-DC9D0DBD7676&dsID=PDF

Bibliografía:


VV.AA. "España en África. Un siglo de fracaso colonial". Sobre todo el artículo de Antonio Marquina Barrio De las pretensiones al naufragio (1939-1956).


Ros Agudo, Manuel "La guerra secreta de Franco"

Sueiro Seoane, Susana “La política exterior de España en los años veinte: una política mediterránea con proyección africana”, en Javier Tusell, Juan Avilés, Rosa Pardo (eds): La política exterior de España en el siglo XX. UNED/Biblioteca Nueva, Madrid, 2000, pp. 135-157


Mees, Ludger "El bulo (mundial) del caudillo", Artículo de El País, domingo 24 de octubre de 2010.



Novela histórica:


Fortes, Susana "Fronteras de arena". Novela de intriga,  detectivesca y de corte histórico ambientada en las conspiraciones y el juego de espionajes que provocaron el colapso de la República, pero que nos permite ver el ambiente de la ciudad.


Dueñas, María "El tiempo entre costuras", novela de corte histórico ambientada en la guerra civil y la segunda guerra mundial y transfondo geográfico en el protectorado español y la ciudad de Tánger principalmente.

Memorias

Alcaraz Cánova, Ignacio "Entre España y Marruecos. Testimonio de una época: 1923-1975"